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El Chorro Bajo la figura de Paraje Natural Desfiladero de los Gaitanes están situados en el interior de la unidad montañosa subbética, formando espectaculares paisajes. Se trata de una impresionante garganta por donde transcurre el río Guadalhorce, entre grandes placas de calizas estratificadas. También para los mas arriesgados, la naturaleza ha dotado la zona con imponentes paredes verticales y escarpadas laderas convirtiéndolas en un lugar perfecto para el deporte de la escalada. Igualmente recomendable es un recorrido por la zona de los embalses dónde el agua recorre la escala de verdes y azules haciéndolo atractivo en cualquier época del año, o un paseo para el recuerdo por las históricas ruinas del monasterio de Bobastro, estratégicamente situadas. La región donde se encuentra el Desfiladero de los Gaitanes está situado en la parte occidental de la Cordillera Bética. En su conjunto, el cañón tiene unos 3 kms. de longitud y en ciertos sectores se encuentra dominado por paredes de más de 300 m de altura, con anchuras menores a 10 m. Está excavado básicamente en calizas y dolimias del Jurásico, existiendo también en la zona, afloramientos rocosos del Mioceno. El aspecto morfológico más espectacular es la estratificación vertical de las calizas que el río ha ido taladrando y que ofrece un corte. En la zona del Desfiladero de los Gaitanes existen una veintena de cavidades algunas de ellas colgadas muchos metros por encima del curso del río, y cuya evolución se ha visto afectada por el progresivo encajamiento del Guadalhorce. El río ha ido profundizando el desfiladero en sucesivas etapas. Las especies botánicas más características de estas áreas son: el pino carrasco, el piñonero, las encina, el eucalipto, el majuelo, la aulaga, la estepa blanca, la jara y la sabina negral. En las zonas altas habitan las cabras monteses. Animales de menor tamaño como el mirlo y el vencejo viven en la zona baja, junto al agua. En las partes medias de la garganta el halcón, cernícalo vulgar y el azor así como otras rapaces de tamaño medio. La cumbre es lugar y feudo de nidificación de las grandes rapaces como el águila real o el buitre leonado. Otros habitantes del Paraje son el gato montés, la gineta, el lirón o el meloncillo, que pueden observarse provistos de mucho valor desde la pasarela colgante, "Caminito del Rey", que recorre el desfiladero a 100 m. de altura. Esta gran obra de ingeniería fue construida entre 1901 y 1905 y el nombre que recibe se debe a que Alfonso XIII lo atravesó cuando vino a inaugurar la presa del Conde del Guadalhorce en 1921. |
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Las ruinas de Bobastro El acceso se realiza desde la carretera Álora-Ardales, unos 2 km al norte de El Chorro y del lado sur del Desfiladero de los Gaitanes. Desde aquí, una pista asfaltada sube al cerro de Las Mesas de Villaverde, pero a medio camino está el acceso peatonal a parte de las ruinas de Bobastro. En la cima del cerro, desde donde se disfrutan muy buenas vistas del entorno, encontramos los restos de una fortificación. Sorprende encontrarse con un embalse de agua en lo más alto, al que se bombea agua de noche para conseguir electricidad durante el día. En las denominadas Mesas de Villaverde, en el término municipal de Ardales (Málaga), es donde se piensa que estuvo emplazado Bobastro, la ciudad encastillada desde la cual Umar ibn Hafsun se convirtió en señor de media Andalucía, en el entorno del sobrecogedor Desfiladero de los Gaitanes. El camino en Antequera, en la carretera que conduce al Torcal, es donde, en los primeros momentos, tendremos unas perspectivas bellísimas del Alcázar medieval de la ciudad y del Peñón de los Enamorados. Por estos parajes transcurría una antigua calzada romana que unía Córdoba con Málaga, camino que el rebelde muladí habría de utilizar en sus correrías por las campiñas de al-Andalus. Antes de llegar al Torcal, una carretera de montaña nos permitirá ir dejando a un lado el picacho del Castillón e ir luego bordeando los embalses de Guadalteba, de Guadalhorce y del Conde de Guadalhorce. Muy cerca de este último, camino ya de Ardales, surge un desvió a la izquierda que habremos de utilizar para acceder, en un primer momento, a las Mesas de Villaverde, y posteriormente al Desfiladero de los Gaitanes, situado ya en las inmediaciones de El Chorro. También podemos llegar a las Mesas de Villaverde desde Campillos y Ardales, tomando luego la carretera que desde esta población se dirige al embalse del Conde de Guadalhorce y desviándonos luego por el camino que antes hemos citado, que ahora aparecerá a nuestra derecha y que se dirige a El Chorro. Las Mesas de Villaverde Bobastro, centro neurálgico de las revueltas de Umar ibn Hafsun, estuvo enclavado en la cima de un picacho rocoso, en lo que hoy conocemos como Mesas de Villaverde, en un paraje especialmente inhóspito y agreste situado en medio de ningún sitio. El acceso a la ciudad es especialmente penoso y sabemos por los cronistas musulmanes, entre ellos al-Himyari, que estaba provista de dos puertas para acceder a las cuales había que subir por duras pendientes teniendo a la vista visiones de vértigo del entorno montañoso. La propia Mesa, situada en la zona más elevada del pico, es una plataforma rectangular que tradicionalmente se ha venido distinguiendo por la abundancia de agua, requisito indispensable para soportar asedios prolongados. Precisamente en la zona más elevada de la Mesa estaba enclavado el castillo de ibn Hafsun. La altura del enclave, su fácil defensa al estar bordeado de precipicios y el abastecimiento de agua hicieron que este nido de águilas de la rebeldía no cayese en manos de los señores de al-Andalus hasta el 19 de enero de 928 cuando, tras haber resistido más de 50 años los ataques cordobeses, Bobastro fue tomado por los hombres de Abd al-Rahman III. Umar ibn Hafsun, prototipo hispano de caudillo popular, fue un personaje que surgió a finales del siglo IX en el contexto de los enfrentamientos raciales, religiosos y de culturas de los últimos emires de al-Andalus. Eran tiempos de confusión ya que al-Andalus estaba integrada por un mosaico de distintas tradiciones en el que a la minoría de las élites árabes se oponían los anhelos y peticiones de bereberes, muladíes, mozárabes y judíos, y todo ello, además, en unos momentos en que simultáneamente iba tomando fuerza la amenaza de los pueblos cristianos de los reinos del norte. Umar ibn Hafsun En este contexto de crisis y enfrentamientos surge la figura de Umar, que era un musulmán nuevo (muladí) cuya familia tenía sus raíces en un noble visigodo que se había convertido en tiempos no lejanos al Islam. No se sabe con certeza si Umar nació en la propia Ronda o en alguna otra población de las sierras malagueñas, pero ha quedado reflejado en las fuentes que desde muy joven fue un hombre de acción, que tuvo que refugiarse en los inaccesibles parajes serranos tras haber matado a un vecino. En poco tiempo, tras una estancia en el norte de África huyendo de la ley, retornó a los montes y se fue convirtiendo en líder de un movimiento de rebeldía de los muladíes que poblaban estos parajes, que se sentían oprimidos por los emires cordobeses. En unos años el poder central andalusí llegaría a sentir la clara amenaza que suponía el alzamiento de Umar y lo cierto es que los emires fueron incapaces de mantener el orden en estas tierras ubicadas entre Ronda y Antequera. Las dificultades para la recaudación de los tributos fueron pronto insalvables y habría de llegar un momento en que incluso la propia ciudad de Córdoba se sentiría amenazada por los rebeldes. Desde Bobastro, en un picacho inaccesible situado no lejos de los llanos de Antequera, Umar ibn Hafsun tenía fácil acceso a las campiñas del Guadalquivir y a la Vega de Granada, de modo que durante medio siglo tuvo en jaque a los emires al-Mundhir y Abd Allah. Solamente cuando habían pasado diez años de la muerte de nuestro hombre habría de ser capaz Abd al-Rahman III de conquistar Bobastro a sus hijos, que seguían encabezando la rebeldía. Sería ahora, tras tomar la ciudad de ibn Hafsun, cuando el emir se proclamaría califa de al-Andalus. En el año 889 ibn Hafsun decidió convertirse al cristianismo, lo que de algún modo supuso el principio de fin de su movimiento. El hombre que gobernaba en las coras de Rayya, Elvira y Jaén, y que era señor de poblaciones como Archidona, Baeza, Úbeda, Priego y Écija habría de ver como muchos de sus partidarios, muladíes sinceros a las creencias islámicas, le abandonaban. Umar, sin embargo, falleció cuando corría el año 917 sin haber sido vencido por sus enemigos. Se dice que fue enterrado en Bobastro, de acuerdo con los ritos cristianos. Cuando la ciudad fue tomada por Abd al-Rahman III el cuerpo del rebelde sería desenterrado y trasladado a Córdoba donde fue objeto de exposición a la chusma y escarnio de su memoria. Basílica de Bobastro. Los vestigios de la basílica cristiana que se conservan en una de las laderas de las Mesas de Villaverde constituyen la muestra más brillante de la arquitectura mozárabe andaluza. Para acceder a ella el viajero debe aparcar en un pequeño espacio situado junto al cartel indicativo de las ruinas de Bobastro, que aparecerá a nuestra derecha, e iniciar luego la ascensión por un sendero que en sus primeros tramos, desde la carretera, se ve facilitado por unos peldaños labrados en la roca. El sendero, de unos cientos de metros, va serpenteando por el monte y conduce sin dificultad al lugar donde se alzan los restos de la basílica no sin antes haber transcurrido junto a diversos tramos de murallas de la antigua ciudad. Se trata de un templo que se integraba en un monasterio que habría sido construido antes de la llegada de Omar ibn Hafsun a estos parajes, continuando una tradición eremítica que se remontaba a tiempos antiguos. El conjunto monástico estaba fortificado y de las bases de sus murallas y torres se conservan todavía vestigios muy interesantes. En el espacio central del conjunto monástico se aprecian en nuestros tiempos los vestigios de lo que hubo de ser un amplio patio, quizás el claustro, del que todavía se pueden contemplar el aljibe en el que se almacenaba el agua y algunos silos para cereales. En uno de los lados de ese patio se sitúan los restos de la basílica, en donde habría sido convertido al cristianismo ibn Hafsun, que constituye una bella muestra de arquitectura rupestre, excavada en la roca, siguiendo posiblemente esa tradición eremítica del entorno de la que antes hablábamos. Este templo de Bobastro tiene planta de tipo basilical y esta dotado de tres naves, siendo la central de mayores dimensiones. Están separadas por diversos pilares y arcos de herradura, y cuentan con una cabecera que esta dotada de tres capillas. De este interesante edificio no podemos sino destacar el transepto, destinado a los ritos mistéricos propios de la liturgia mozárabe, y las cancelas que separan las diversas naves y ábsides. Todo ello tuvo que producir en su tiempo una sensación clara de compartimentación del conjunto, en el que sobresale igualmente la jerarquización de los espacios, que se adaptan al propio desnivel del terreno que desde la cabecera del templo va descendiendo hasta sus pies. Debajo de la basílica se intentó construir una especie de cripta, solo labrada en la roca en una fase inicial, en la que posiblemente descansarían en su momento los restos de ibn Hafsun. Cuenta también el edificio, finalmente, con una interesante tribuna, situada en la planta superior, a un nivel más elevado (más cerca del Reino Celeste), labrada también en la roca y decorada con bellos arcos de herradura por los que en su día entraba la luz en la sala. El alcázar de Bobastro. El cronista ibn Hayyan nos ha transmitido que una vez tomado Bobastro, Abd al-Rahman III ordenó levantar un nuevo castillo, sobre el que anteriormente existía, en el que se había fortificado Umar ibn Hafsun. Con esa actuación pretendía asegurar el pleno dominio de estos parajes inhóspitos una vez que la población levantisca fue obligada a abandonarlos pasando a residir en el llano. Los restos de este castillo, muros de sillarejos y vestigios de estuco con decoración a la almagra, se aprecian todavía hoy cuando se pasea por la zona más elevada de las Mesas de Villaverde, en concreto en el costado derecho del aparcamiento al que nos conduce la carretera que hemos venimos siguiendo. Desde este lugar de belleza increíble las perspectivas son impresionantes. Los tajos y precipicios que cercan la elevada meseta nos hablan de la dificultad que habría de suponer para los ejércitos andalusíes aproximarse siquiera a Bobastro. Llama la atención que precisamente en esa cima de las Mesas, en ese paraje increíble, el hombre moderno haya construido un pequeño embalse, que tiene el nombre de la Encantada, con la finalidad de, tras una previa labor de elevación artificial de las masas de agua necesarias, producir luego energía eléctrica. |
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Pantano Conde de Guadalhorce En este Parque Natural se hallan tres pantanos de grandes dimensiones: Conde de Guadalhorce, Guadalhorce y Guadalteba. Aunque, como se ha dicho antes, el entorno natural corresponda a Ardales, el único de los embalses que está en sus totalidad en término municipal de Ardales es el del Conde de Guadalhorce, estando los demás en los términos municipales de Teba, Campillos y Antequera. Historia Embalse Conde de Guadalhorce: las obras de este embalse se iniciaron en el otoño de 1914 bajo la dirección del ingeniero Rafael Benjumea, al cual fue otorgado el título de Conde de Guadalhorce de mano del Rey. Las obras concluyeron el 21 de mayo de 1921, con la inauguración del rey Alfonso XIII. Este embalse fue denominado, en un principio, Pantano del Chorro, pero en 1953 pasó a llamarse Embalse del Conde de Guadalhorce. Embalse Guadalhorce-Guadalteba, las obras de estos dos nuevos embalses fueron posteriores, concretamente en la primavera de 1966. La construcción de estas dos nuevas presas se llevaron a cabo para regular el agua de los ríos Guadalteba y Guadalhorce. La presa de Guadalteba no comenzó a embalsar agua hasta octubre de 1971; siguiéndola la presa de Guadalhorce en junio de 1973. Al construir estas dos presas, se vieron también obligados a renovar la línea de ferrocarril y a construir tres tramos de carreteras, ya que tanto un tramo de la línea de ferrocarril como carreteras quedaron inundadas por los embalses. Al igual que quedaron inundadas un tramo de la vía de ferrocarril y carreteras, también tuvieron que desalojar a los vecinos del pueblo de Peñarrubia y a su barriada, Gobantes, donde se encontraba la estación de Ferrocarril. Estas dos últimas presas, (Guadalhorce- Guadalteba) unen sus aguas para luego adherirse a las aguas ya reguladas del embalse Conde de Guadalhorce; las cuales se recogen en el pantano de Gaitanejo, antes de introducirse por el Desfiladero de los Gaitanes. Dato importante del conjunto de Embalses: su explotación está condicionada por la existencia de importantes aportes salinos al vaso del Guadalhorce; el más importante es el conocido, pero mal llamado, "Manantial de Meliones", el cual es uno de los puntos donde se genera más salinidad. Lugares de interés Una de las cosas más emblemáticas de visitar en los Embalses es el denominado "Sillón del Rey"; que es un conjunto de dos bancos, un sillón y una mesa todo hecho de piedra, donde el rey Alfonso XIII firmó la terminación de las obras del embalse Conde de Guadalhorce. Desde el Sillón del rey, a la otra orilla del embalse se puede observar la "Casa del ingeniero" o "Casa del Conde", a la cual está cerrado el paso. También en el embalse Conde de Guadalhorce se puede observar la fachada de la Iglesia, la cual fue utilizada también como colegio. Otro de los lugares de interés de los embalses es el "Mirador", desde el cual se puede observar, a vista de pájaro todo el conjunto de los embalses. Los embalses cuentan con varias vías de senderos, donde poder disfrutar de la naturaleza en primera persona. Además, también cuenta con zonas de camping, donde se ubica un museo de la zona. En cuanto a la flora, lo que más abunda en todo el entorno es el pino autóctono, dejándose ver también eucaliptos y matorrales como tomillo, romero, retama... Y en cuanto a la fauna, si hablamos de los peces que habitan los embalses, podemos hablar de una abundante población de barbos y carpas, y una muy pobre población de lucios. Si hablamos de ornitología, debemos mencionar, entre los más destacados la chova, la paloma, el martín pescador, el vencejo, el búho y el buitre leonado entre otros. Y si hablamos de mamíferos, en este entorno conviven desde conejos y liebres, hasta gatos y cabras monteses. |
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Valle de Abdalajís En la vertiente opuesta, el paisaje está formado por un relieve más suave, de lomas y ondulaciones cubiertas de olivares y cereales. Entre las lomas y la sierra se abre paso el Arroyo de las Piedras, que desemboca en el Río Guadalhorce y avisa de la cercanía del Valle del Guadalhorce. La situación de este pequeño valle entre las tierras del Guadalhorce, vía de comunicación hacia el mar y la ciudad de Málaga, y las tierras de Antequera, entre la Alta y la Baja Andalucía, le convierten en un paso importantísimo a lo largo de la historia. Una historia que aunque tuvo antecedentes muy remotos, como lo demuestran los numerosos vestigios encontrados en la zona, tiene sus primeras páginas notables en la época íbera. Desde la Prehistoria, el Valle de Abdalajís ha servido como paso obligado o nexo de unión entre la zona del Guadalhorce y la Vega de Antequera lo que le ha proporcionado una riqueza arqueológica extraordinaria, así lo evidencian los múltiples yacimiento y restos arqueológicos encontrados en su término municipal. Ya en el siglo pasado, escritores como Berlanga o Guillen Robles se asombraron de ello. Este último autor en su libro "Historia de Málaga y Provincia" decía así: "... También se han encontrado en nuestro país multitud de hachas de piedra, encontrándose en nuestra provincia, en Almogía, Álora, Ronda,... pero recogiéndose con mucha mayor abundancia en el Valle de Abdalajís, por lo cual sospecho que en este punto se hallaría una importante estación prehistórica..." Efectivamente son incontables las cantidades de hallazgos de hachas de piedra, útiles de sílex y cerámica prehistórica encontradas en esta localidad. Queda patente, por tanto el indudable abolengo histórico de esta comarca. Por el valle y Sierra de Abdalajís han pasado muchas civilizaciones y razas diversas. Después de los pueblos indígenas primitivos, dejaron su huellas, íberos, celtas, helenos, púnicos y romanos; alcanzando su mayor apogeo durante la permanencia del dominio romano, localizándose la antigua ciudad romana de Nescania sobre los cimientos del actual pueblo. Bajo los cimientos del Valle de Abdalajís yacen muchos recuerdos y grandezas remotas sepultadas; de las asperezas de sus sierras, arranca el hombre neolítico, la diorita, el pedernal y la piedra con que fabricó sus útiles y hachas de caza y lucha; en el ambiente, se dibujan los trazos eurrítmicos de sus estatuas nescanienses y parecen oírse plegarias a Júpiter. Está constatada la existencia de una población ibérica, la cual más tarde entraría en contacto con los colonizadores fenicios y púnicos, como lo demuestran los yacimientos del "Nacimiento" y "Cerro del Castillo" (ambos han aportado fragmentos de cerámica griega siglo V a.C). En opinión de los estudiosos del tema, estos dos yacimientos tuvieron una misión de control de esta zona. También hay que reseñar el yacimiento del "Cerro Pelao", el cual Gozalbes C., en su obra "Las Vías Romanas de Málaga" lo relaciona con las famosas "Torres de Anibal". De esta época data la estatuilla de una Demeter en Terracota, expuesta hoy en día en el museo arqueológico de Sevilla. [...] Información recogida en http://www.valledeabdalajis.com |
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Malaga La ciudad de Málaga se encuentra situada en un privilegiado enclave natural. Su término municipal tiene una superficie de 398,25 kilómetros cuadrados y su población de hecho en el área metropolitana alcanza el millón de habitantes. Los factores ambientales y geográficos que han incidido de un modo más notorio en el desarrollo y evolución de la ciudad han sido la influencia marina, la ubicación del municipio sobre dos valles fluviales (Guadalhorce y Guadalmedina), su orografía y su régimen climático. El mar Mediterráneo baña sus costas, y los montes de Málaga la circundan, conformando una barrera montañosa que la defiende del frío, caracterizándose su clima por sus suaves temperaturas gracias al papel del mar como regulador térmico. Los meses más cálidos son julio y agosto, y los más fríos suelen ser diciembre y febrero, con una temperaturas media de 22,8º C de máxima y 13 º C de mínima. La distribución de las precipitaciones en Málaga está bastante bien definida por las estaciones del año, correspondiendo la mayor pluviosidad al otoño y al invierno. En la desembocadura del río Guadalhorce se han ido formando, merced a los aportes fluviales sedimentados, las conocidas como "marismas del Guadalhorce". En la actualidad ocupan una extensión de 60 hectáreas, y han sido declaradas Paraje Natural en 1989. El otro río que ha intervenido decisivamente en la historia de la ciudad es el Guadalmedina, en árabe "el río de la ciudad". Tiene 47 kilómetros de longitud, y recibe la mayor parte del agua de los aportes que le llegan desde los Montes de Málaga. Los Montes de Málaga han sido declarados Parque Natural en 1989, con lo que ello supone de una mayor protección de los mismos. La zona protegida comprende 4.762 hectáreas, de las que un 97 % pertenecen al municipio de Málaga. Su orografía es abrupta, con una altura media de 500 metros. Su origen vegetal arbóreo se sitúa en las repoblaciones hidrológico-forestales realizadas a partir de los años 30. En él podemos encontrar más de 230 especies vegetales y más de 160 vertebrados. El clima de Málaga es muy templado en invierno, con temperaturas mínimas muy suaves. Los veranos son calurosos, moderados por la cercanía de la ciudad al mar. La precipitación es baja, con un promedio anual de 469,2 mm. Las mayores precipitaciones se producen entre noviembre y marzo, siendo el verano muy seco. En el año se registran, por término medio 70,9 días de lluvia; 0,1 de nieve y 1,2 de granizo o pedrisco. Hay 11,8 días de niebla; 3,2 de rocío y 0,1 de escarcha. La insolación es muy elevada: 2.901 horas de sol anuales de promedio. El valor máximo corresponde a julio, con 354 horas y el mínimo a diciembre, con 167 horas. Esto unido a sus suaves temperaturas hacen que en el invierno el clima de Málaga resulte ideal y muy agradable en otoño y en primavera. Los vientos dominantes son del S y del SE con velocidades poco elevadas en general. El valor medio de las velocidades alcanzadas por las rachas máximas anuales del viento es de 83 Km/h. La presión media es de 760,6 mm. [...] Información recogida en http://www.malagaturismo.com |